23 febrero 2012
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Siempre odié la envidia,
pero no puedo evitar sentir envidia insana ante ciertos vecinos,
como Pepe el canalla,
que entra cada tarde al bar a tomar sus tragos de cerveza,
metódicamente, sin faltar un jodido día de su sucia existencia,
no parece aburrirse, ni hastiarse de sentirse sólo frente a un vidrio relleno de alcohol,
su vida será así de simplona, del curro al bar, del bar a la cama, de la cama al curro,
mientras su divorciada mujer haciendo encaje de bolillos,
sus hijas sintiendo orgasmos con albañiles de segunda,
y su famélico y esquelético perro comiendo sobras envueltas en servilletas de saldo,
lloro viendo cómo la gente es tan simple al tiempo que envidio lo fácil que es ser feliz para algunos,
Categorías:Relatos/Historias